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PREGON DE MIGUEL ROMERO (2010)

¡Viva San Roque¡, ¡Viva el Santo Niño¡¡ Viva el Dulce nombre de Jesús¡, ¡Viva Olmedilla de Alarcón¡...¡Viva y Viva¡. Curioso, ¿verdad?, empezar por donde acaba pero cualquiera de estos vítores podrían iniciar un Pregón que pretende ser un canto a la fiesta, una apertura del telón de la alegría, de la diversión, del entretenimiento, del “buen rollo” y del canto a vuestro Patrón. Seguro que alguno de vosotros estará pensando y, en buena lógica lo hace, ¿quién coño es éste?, y por aquello de que uno está acostumbrado a deambular por nuestros pueblos –cual turronerodedicado a eso de contar las historias de moros y romanos o, tal vez, a hacer de pregonero –pues cierto es que ya llevo más de cuarenta- soy un poco atrevido y hoy me trae aquí esto último y ¡pardiez¡, seguro que lo haré con gracia y salero, no lo dudéis olmedillanos. Por tanto, he sido elegido “Vocero Mayor” y ello, me llena de satisfacción, orgullo y preocupación; satisfacción por lo que supone que una persona extraña a este bello lugar sea el elegido; orgullo por lo que representa ser el que abra vuestras entrañables fiestas y en este momento me consideréis uno más de vosotros – gracias de corazón, por tanto, a vuestros representantes municipales que lo han hecho posible-; y preocupación para mí, por saber y poder estar a la altura de quienes os han pregonado anteriormente con tanto sentimiento y buen hacer: -las televisivas, Pilar Vázquez y Mabel Redondo, y algún año más atrás, mi buen amigo de poco estudio y mucha tuna, Ángel de Dios. Espero, con humildad, hacer bien mi cometido. Abramos pues estas Fiestas del 2010, aquí en los Castaños de la Fuente como va siendo habitual y lo hagamos iniciando un pequeño Pregón que sea entretenido, ameno y sentimental en el recuerdo de vuestro pasado histórico y, sobre todo, de vuestro pasado humano, siempre más agradecido y deseado, huyendo así de esa consabida plática que a veces incumple las normas de la paciencia y nos acelera el deseo de su final. ¡Intentémoslo chorra¡, tal como dirían nuestros ancestros de siglos pasados e intentemos no ser pesado ni cansino en esto de decir unas palabras. Pues bien, empecemos que el tiempo corre y hay que ser breves. Buenas noches a todos. Reina y Damas de honor, Loreta Mercado, Violeta Cortijo y Victoria Huguet, dignísima representación de la belleza de la mujer de Olmedilla, de la que hablaremos más tarde y de la que orgullosos podéis estar por fama y cumplimiento, amigos. Buenas noches al Sr. Alcalde y Corporación Municipal en pleno, festeros mayores, organizadores de estas vuestras fiestas, saludos al párroco D. Antonio Chicote, así como a tantos buenos amigos que hoy nos acompañan. A todos, sin excepción, buenas tardes. Yo me tengo por historiador, eso por lo menos dicen algunos, y en esa búsqueda incesante de huellas del tiempo, de desempolvar legajos roídos por los años y de inventarme algunos libros, tengo la obligación moral de contaros –aunque poco y coloquialmente- no os asustéis, algunos pequeños y curiosos detalles de ese vuestro pasado en la Historia, rico y misterioso, que siempre despierta el interés de todos aquellos que desean conocer un poco de su origen o de su devenir. Por aquí sentó aquel primitivo habitante su poblado, aprovechando estas tierras bien regadas por las aguas del Júcar: tal vez, en ese Cerro de la Torre donde las tumbas incineradas lo demuestran o, quizás, en la huerta de la Josefa quien a golpe de azadón encontrase alguna que otra tumba visigoda que en tiempos ya cubriese el pantano. Pero aquellos tiempos lejanos quedan y para qué hablar de ellos, por decir algo más y algo que ya tantos han dicho otras veces, este lugar como tantos otros de la comarca, fue fundado en tiempos de moros, cuando los Alarcón lo dominan y una tras otra, como aldeas de repoblación van apareciendo, Gascas poblada por los gascones franceses que acompañaron al rey Fernando y Olmedilla por los navarros y leoneses que acompañaron a Alfonso VIII, Eran tiempos lejanos, allá por el siglo XIII pero, ¡qué más da irnos tan lejos en la historia¡, pues lo que vale son los nuevos tiempos, los que hicieron que estas generaciones que ahora formáis dieran vida a un pueblo como éste, rico en bondades, hospitalidad y buen carácter. De esos tiempos vienen vuestros insignes apellidos, Redondos, Socuéllamos, Fernández, Ojedas, Garcías, Bautistas, Romeros, Ruiz, Vergaras, Zamoras, y tantos y tantos otros. Pero, sin duda, es la historia la que hace que todos nos sintamos más patriotas, más de nuestra tierra por derecho propio, como más importantes si aquí algún rey pasase o alguna guerra se diese, algo así como sentirse más olmedillano si cabe. Pero, también es verdad que la historia se cuenta como se cuenta y lo que vale es lo que ahora tengamos o sintamos. Que se fundó hace quinientos años, pues bien, que estuvieron los moros y judíos, pues también muy bien, que tal vez, vivieron aquí moriscos de aquellos que echaron de Granada, pues seguro, que la Inquisición hizo más leña de la cuenta, también, que entre Gascas y Olmedilla la zurza crujía, pues bien cierto era y de fiel tradición se ha guardado; pero amigos, las huellas permanecen y son las que enmarcan nuestra ilusión, por eso, cuando Olmedilla se hace grande es en el siglo XVI, con la construcción de su iglesia parroquial en honor a San Pedro y San Pablo, con su elegante espadaña de dos ojos, sus especiales y maravillosas pinturas murales que la enaltecen y sus vigilantes perpetuos: el arcángel San Miguel, Santo Domingo de Guzmán o Simón de Monfort, amparados los tres por nuestra Virgen del Rosario. Yo creo que ese siglo XVI y el de ahora, el siglo XXI a caballo entre los treinta últimos años del veinte, son los que han debido de marcar las diferencias en vuestro pueblo; el primero –el XVI- por engrandecerse el lugar, crearse las ordenanzas más antiguas de toda la comarca en honor al Santo Niño o mejor dicho, al Dulce nombre de Jesús, que os han dado identidad, por crecer en habitantes con buena tierra para cultivo y alguna ganadería que trashumaba desde Jaén a la Sierra por ese ramal de la Cañada de Andalucía o también llamada del Reino; y luego el segundo, con el siglo XX recién pasado y ahora el XXI, porque es cuando los vientos y el sol hacen crecer expectativas solemnes, pues a la cooperativa de buen vino y que ya viene de antaño, la llegada de aquella subestación de Iberdrola nos condujo a un progreso donde la energía ha cuadrado su status: cuatro huertos solares que auguran un buen futuro, arreglo de calles, crecida del embalse, camping y la herencia de la mujer de Olmedilla, la reina de estos lugares, la que tanta admiración arrastraba a los muchos pueblos de la comarca por su altanería, belleza, buen porte, y experta en eso del guiso tradicional y sabroso. ¡Qué más podéis desear olmedillanos¡ Los dos alpargateros, el almotazanero, el alcabalero, un ornero, un molinero, los tres maestros de herrero, el zapatero de obra prima y el de remendón, los sastres, los tres tejedores, el peinador, el sangrador, el sacamuelas, el boticario y dos cirujanos que aquí habitaban en aquel lejano 1752 han dado lugar a los Ratas, el Cuadrado, el Ratoncete, Mocolindo, el Maño, los Corachos, Aguililla, la Malpelo, la Renegona con su quincalla, el Lagartija y otro tantos, herederos de aquellos grandes olmedillanos de antaño y que ahora, airean con orgullo su raza y su paisanaje. ¡Perdonar a quien pueda ofenderse y disculpar por arriesgar mi vida al entonar los apodos más solemnes que definen la identidad de todo pueblo¡ ¡Cuánto rollo pa contar y qué pestiñazo de saber¡ Vamos, por tanto a lo que vamos. Nos decía Florencio Socué que: Olmedilla es muy bonita Y linda de visitar Pues tiene muchos parajes Pa poderlos disfrutar. Y así es, no hay duda. Esos bellos parajes tales como la Huerta Nueva, el camino de Gascas, el Hontanar, el Pozo la Nieve, la Fuente de los Camineros, hoya de don Juan, los Cotos, el camino del Boleo, el cerro el Telégrafo, famoso en el mundo entero, por aquel meteorito caído en el 29 con trozos y trozas ardiendo despuntando lo que luego sería un nuevo maná, La Cueva del Salitre, la Fuente de la Teja, el puente de la Caña, las Cuevas de la Serrata o la Cuesta del Burro, manantiales de agua cristalina que han dado a los habitantes del lugar, a vosotros, ese lustre que enaltece vuestro rostro. Estos lugares entornan vuestro pueblo, enroscado en calles cada vez más arregladas, casas de buen lustre y buenas comodidades, que a bien tenéis alardear en estas calles del Barrio Arriba, cuesta del Cura, Telares, marqués del Turia, la Plaza, la esquina de Rogelio, las Cuatro esquinas, la esquina de la tía Leandra y el corral del Bolo, por donde la procesión de San Roque, el Santo Niño o la romería de San Isidro discurren y donde, antaño y ahora, esos buenos cuerpos 5 de aflorados bustos, cintura enfilada y caderas perfectas de vuestras lindas mujeres. Antaño, al hilo de refajo, mandilón y blusa ribeteada, con éstas de ahora, escotadas muchachas, con pirsins o sin él, en algún caso tatuadas, pechos de adornado lustre, largas piernas depiladas y llenas de rebosante salud que aflora por arriba y por abajo, haciendo de ellas, las verdaderas herederas de esa vuestra gran bandera que tanto habéis aireao y que así es, como las mujeres más guapas y plantás de toda la arredorá. Y queda como Pregón, para no ser demasiado tostón y acabar en risueña compostura, el recuerdo simpático a nuestra alma del pueblo, a ese anecdotario que nuestros abuelos han definido, han sentido y han hecho que todos nos sintamos orgullosos. Para ello, no quisiera dejar de lado por lo que ha supuesto en vuestras vidas y la de tantos otros, el recuerdo a Gascas, a ese querido por muchos e inolvidable pueblo que sucumbió bajo las aguas de un pantano sediento y que rezuma recuerdo, nostalgia, añoranza; porque, amigos, en el recuerdo está esa dignidad que ha de permitirnos reconocer nuestro sentimiento y nuestro profundo amor a los que nos antecedieron y tanto hicieron porque ahora, nosotros, tengamos una vida en progreso y convivencia común. Pues bien, me sumo a ese homenaje que hace dos días ha hecho vuestro ayuntamiento y además refuerzo mis palabras con algunos versos de Valeriano Navarro: ¡Gascas vive, que no ha muerto¡ ya lo dicen los fandangos que va cantando el barquero y en un sacrificio grande que quede sin regateo para las tierras sedientas y los campos arroceros y siempre ya en los corazones de aquellos que aquí nacieron. ¡Vaya pues para ellos, gasqueños, mi sentido recuerdo¡ Pues bien, amigos, este pregón va tocando a su fin, pero quisiera que en ese recuerdo donde están nuestros tiempos pasados, nuestras tradiciones, algunas de ellas desgraciadamente perdidas, y 6 en ese deambular de la mente, hagamos un pequeño recorrido para poner el punto final a una semblanza escrita. Sería, por tanto, bonito el recordar algunas de aquellas escenas cotidianas que nuestros mayores añoran. Es verdad que ya no se come aquel sopanvino de nuestras abuelas en alguna que otra fiesta, tal vez en San Antonio, momento en el que el párroco don Julián Millán refrescaba a su burro por fuera y él sopanvineaba por dentro; lástima también por no poder escuchar los buenos Mayos al hilo de la música de la acordeón que José “Chachi” nos arrimaba, dando solamente las tres solfas que sabía al compás de tira Pepe, tira Juan; ni escuchamos los buenos pregones a soplo de pita, cuando Pedro el alguacil bien los hacía, a venta de melones, la llegada del guarnicionero o para que la dula obligase a salir las cabras que debían pastar fuera del pueblo. Pero cada momento tiene su especial encanto y en cada época, la música servía para elevar el espíritu, sentir el arrumaco o mover el esqueleto por mucha artritis que atacara. Buenos bailes en la Posada, con los campillanos Ángel y Nicolás a la acordeón, haciendo que Cuadrado luciera su buen baile –pues era el mejor bailaor, según nos cuenta la Margarita- o en la casa de Emiliano, donde Lagartija el músico, el Arriero de Campillos, Losa y el de Valverde, hacían buen baile al compás de aquellos buenos pasodobles, tico-ticos y las rumbas de Peret. Algunos, en su nostalgia, evocan aquellos cánticos y bellas músicas, calleja abajo y calleja arriba, con los soniquetes al compás del guitarrillo y la acordeón del bueno de Carrasquilla, el de Valverdejo, que dejado sin comer día tras día, apretaba el ritmo y les hacía bajar la cuesta a golpe de buen talón. Los cabellos de la dama, yo solo los enredé, desenredar no he podido, Tanto nudos como eché. Todos hemos vivido la infancia, todos hemos sentido nuestro corazón abrir las puertas de la inocencia a la enseñanza de nuestros abuelos, a las pláticas de nuestros maestros, porque alguno recordaréis a don Leopoldo cuando os mandaba a por varas y luego quien iba bien las probaba al tintin de “cinto por cinto, veinticinco…”, o con don Antonio Chimeneas, maestro nacido en la 7 Alberca, al que tanto le gustaba hablar de los vertebrados y con estirón de moyete bien se lo hacía a Manolín y el Moya, que con ese mote se quedó. Por eso, los chismorreos como cuando Faraino, el abuelo de Carlos, bien quitaba los huevos a su mujer para venderlos pa vino, o las historietas de Pepe Trola, Mariano el de Leocadia, Jesús Redondo, el que trabajaba en la Hermandad y Máximo López, en ese recuerdo cuando quiso tirarles la albarda a la pareja de novios –que bien retozando estaban en el pajar- y enganchado en ella, cayese encima para su malestar. Unos y otros, son la graciosa esencia de nuestras gentes, acostumbrados a sacar “pan de las piedras” y a luchar por nuestras tradiciones. Aquellos Dichos al Santo Niño, el corretear de la bandera, bien lucido por el tío Tomás, -el padre de la Adela-, las obras de teatro en casa de Emiliano viendo a la cabra Chirika, el cine mudo de Amadeo, el de Barchín, los famosos concursos de rebuznos, bien ganados por Hilario con premio en Tele Madrid, la procesión de san Roque con las bandas de cornetas y tambores y así, tantos y tantos recuerdos que han marcado nuestra identidad como pueblo al que tanto queréis. Quizás, los que somos más toreros recordemos con nostalgia aquellas buenas “corridas” y no seáis mal pensados. Entre novillo y vaqueta siempre un roto al hilo de buena cagueta, pues el valiente salía y el que cojonazos era, agachaba y se escondía. ¿Quién no recuerda aquellas ricas anécdotas con los cuernos de por medio? Aquí, las reses de Curro Fuentes se corren por el camino de Gascas, Plaza Mayor y marqués del Turia, pero bien que se recuerdan aquellos años en que se hacían en el corral de Padilla, sobre todo, aquel buen tiento dado a Jesús, el de Pacheco, haciéndole ese buen roto a corná cagá como bien se dice. Pues acabemos ya este extenso Pregón y lo hagamos haciendo una llamada a los jóvenes porque ellos, son el futuro y el presente. Sentir esta fiesta como vuestra y respetar a quienes tanto han dado por este pueblo, disfrutar de todo con la alegría de sentiros olmedillanos de orgullo. A esta Reina y sus bellísimas damas, verdadera representación de esta mujer, al Ayuntamiento por el esfuerzo en hacer de estas fiestas, las mejores, a todos cuantos, de una u otra manera han 8 ayudado a conseguir ofrecer unos días felices y de reencuentro, añorando a los que faltan y dando cariño a los que viven; mi humilde ofrecimiento en Pregón sentido y mi agradecimiento a los que me invitaron a hacerlo, pero también a Ufe y a María Socuéllamos por su ayuda, como no al Fisio (Carlos el secretario), a Gerardo, a Ángel y a mi buen amigo don Arsenio, un recuerdo a los que faltan y pido perdón con la humildad que supone, a quienes he recordado abusando de su apodo, sentimiento o causa, entendiendo que lo he hecho para sentirnos, si cabe, más felices. Que estas fiestas de 2010 sean las mejores, con el parque infantil, las vaquillas, la caldereta, el baile, la paella gigante, el chocolate, la traca final, los concursos y todo gracias al Ayuntamiento y a las Asociaciones de Amas de Casa, la de Pensionistas “El Presón”, al grupo de jóvenes que tanto colaboran y a todos los que os sentís olmedillanos, tanto de aquí como de fuera. ¡Por fin, el Pregón ha terminado¡ ¡Viva San Roque¡ ¡Viva Olmedilla de Alarcón¡

Miguel Romero Saiz

Olmedilla de Alarcón 13 de agosto 2010

 

PREGON DE RICARDO CAMPOS (2017).

Buenas noches vecinos y vecinas de Olmedilla de Alarcón:

Antes de nada me gustaría dar las gracias a la corporación municipal por haber pensado en mí como pregonero de este año. Para mí es un honor poner voz a este pregón de fiestas al pueblo que quiero y tanto valoro. Cuando me lo propusieron, por un lado pensé en el respeto que da hablar delante del publico pero, por otro me hizo tanta ilusión que no podía decir que no.

Como ya sabéis soy Ricardo, para algunos el hijo de la Adela, el de la Chalita, para otros el valenciano o el de las paellas. Aunque no nací en Olmedilla, me siento olmedillano porque de bien pequeño me vine al pueblo y pase aquí los primeros años de mi niñez, al cuidado de mis abuelos Abundio y Ascensión.

En Olmedilla fui a la escuela con el maestro Don Ángel, el manco, en clases separadas como mandaba la época y allí entable mis primeras amistades. Teníamos que llevar un chusco de leña para no pasar frio nos daban leche en polvo. Eran tiempos en los que corríamos con los aros de la bici y una guía o jugábamos en el paseo y en la chopera de la Nicolasa a indios y vaqueros. Algo impensable en los tiempos actuales pero que asumíamos con normalidad y es que con cualquier cosa nos entreteníamos.

Los recuerdos que me vienen en cualquier lugar del pueblo son inmensos, muchas aventuras y travesuras he vivido en estas calles.

Hacíamos las primeras catas de las sandias y melones de los agricultores del pueblo, nos escapábamos con los amigos al arroyo, y hasta fui monaguillo del cura, aunque eso no me libraba de alguna reprimenda del sindicato.

Eran tiempos de ir al huerto, acompañados del burro a recoger patatas y a regar con mi abuelo al huerto al Puente de la Cañá, juntarse con los amigos y disfrutar de la familia. Tiempos difíciles en los que nos íbamos a Valverdejo a cortarnos el pelo y donde la carretera nos servía de improvisada pista de tenis.

La llegada de la catalana de valencia era para todos un acontecimiento porque venían nuestros familiares que aprovechaban un hueco que tenían para venir al pueblo a visitarnos. Nos llenaba de ilusión ver bajar del autocar a los amigos que se quedarían con nosotros a pasar el verano y disfrutar juntos.

Cuando volví a valencia estaba deseando que llegasen las fiestas y algún fin de semana para volver al pueblo.

El tiempo fue pasando y nunca he dejado de venir a Olmedilla, mi mujer Mª Ángeles, o Angelita como la conocéis vosotros, se ha sentido como una olmedillana mas desde que llego con 14 años al pueblo. Y junto con mi hijo y mi nuera, seguimos disfrutando del pueblo que tan bien nos acoge cuando venimos.

Y es que Olmedilla es un lugar de desconexión para disfrutar con los amigos, aunque haya gente que solo veamos de año en año, el vinculo que tenemos es más fuerte que el tiempo o la distancia.

Lo que más me gusta del pueblo es llegar y juntarme con la gente.

Siempre buscamos una buena excusa para reunirnos, aunque sea ir un domingo a por churros para desayunar, a cenar en la calle, salir a tomar el fresco a la placeta y alguna que otra comida y cena para todo el pueblo que ha caído en la nave.

Como consecuencia de esa unión cada día 15 del mes de agosto se ha convertido en un día más festivo de lo normal para mí ya que junto a mi familia, amigos y vecinos del pueblo hacemos las tradicionales paellas. Se han convertido en un acto asentado de nuestras fiestas. Aprovecho para agradecer a todas las personas que colaboran de forma desinteresada haciendo que todo salga bien cada año.

El pueblo ha cambiado en estos años, adaptándose a las necesidades de sus vecinos y vecinas. Pero lo que no ha cambiado es el carácter de los olmedillanos y olmedillanas que acogen con alegría la llegada al pueblo de vecinos de otros lugares que vienen a pasar las fiestas. Todos juntos, independientemente de donde vivamos, hacemos de Olmedilla el pueblo que es, un pueblo único, amable y lleno de vida.

Es inevitable, en un momento como este, no acordarse de todos aquellos que nos han dejado y que forman parte de nuestros recuerdos, motivo por el cual nunca se irán, siempre seguirán nosotros y en cada rincón del pueblo.

Cuando veo a la gente joven reunida en la calle, sentados en las escuelas o en el paseo pasando las horas observo que la ilusión por juntarnos y disfrutar en el pueblo no se ha perdido y me enorgullece ver que el pueblo tiene continuidad y así tiene que ser, seguir luchando y trabajando por Olmedilla.

No me gustaría acabar este pregón sin desearles a la reina y a sus damas de honor que vivan intensamente estas fiestas y que disfrutéis de cada momento con ilusión porque lo recordaran con cariño durante toda su vida. Al resto de vecinos, desearos que participéis en cada actividad programada y que sean unas grandes fiestas.

¡Viva San Roque¡ ¡Viva Olmedilla de Alarcón!

Ricardo Campos Ojeda (Pregonero fiestas 2017)

El Tiempo en Olmedilla

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